Seguridad hídrica: el desafío que Los Ríos decidió enfrentar

Por Luis Cuvertino. Gobernador Regional de Los Ríos

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La Región de Los Ríos enfrenta un desafío que ya no admite postergaciones: asegurar agua en cantidad y calidad en un escenario de cambio climático, degradación de ecosistemas y creciente presión sobre las cuencas. Este es un desafío ambiental, pero sobre todo político y de desarrollo regional.

En este contexto, la conformación de un consorcio público-privado para avanzar en la creación de un Fondo Regional de Financiamiento Ambiental representa un paso decisivo. Impulsado en el marco de la Mesa Regional del Agua y con el liderazgo del Gobierno Regional de Los Ríos, este esfuerzo busca dotar a la región de un instrumento permanente para financiar la restauración de cuencas, el manejo del bosque nativo y otras soluciones basadas en la naturaleza.

La región cuenta con una hoja de ruta clara. La Mesa Regional del Agua, el Plan Regional de Cambio Climático y la Estrategia Regional de Desarrollo han definido como prioridad la restauración activa de microcuencas abastecedoras para garantizar seguridad hídrica. Sin embargo, esa visión ha enfrentado una brecha estructural: la falta de un mecanismo financiero estable que permita escalar iniciativas territoriales y transformar los acuerdos en acciones concretas.

El consorcio público-privado, integrado por el Gobierno Regional, servicios públicos y organizaciones nacionales e internacionales (INFOR, FORECOS, TNC, WWF Chile y proyecto GEF ICB), apunta precisamente a cerrar esa brecha. Su objetivo es articular capacidades, movilizar recursos y construir un fondo regional que habilite a actores locales para ejecutar proyectos con impacto verificable y sostenido en el tiempo.

Invertir en restauración no es un gasto ambiental, es una decisión política responsable. Fortalece la seguridad hídrica, previene conflictos futuros y construye resiliencia territorial. Los Ríos tiene hoy la oportunidad de liderar a nivel nacional, demostrando que la colaboración público-privada, con conducción regional, puede convertirse en una herramienta concreta para cuidar la naturaleza y asegurar el bienestar de las próximas generaciones.

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