Día de la Tierra 2026, una perspectiva desde las ciencias del sistema Tierra

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Este 22 de abril de 2026 conmemoramos el Día de la Tierra bajo el lema ‘Nuestro Poder, Nuestro Planeta’. Desde su tímido establecimiento en 1970, nuevas comunidades se han sumado a las acciones en favor de un desarrollo sustentable y presionan a sus líderes políticos para actúen en concordancia.
Este año, sin embargo, los conflictos abiertos y otros acontecimientos recientes obligan a una reflexión más profunda. Existen avances medibles en algunas materias, pero aun así no parece ser un momento de celebración. Necesitamos problematizar con rigor la forma en que estamos consumiendo el capital natural que tomó tantos años en formarse pensando en que las externalidades negativas pueden simplemente exportarse, o que basta trasladar los pasivos a territorios periféricos. La transición energética, imprescindible, si se gobierna sin justicia material y territorial, o no reforma el patrón de consumo y las asimetrías de poder, terminará desplazando la fuente sin alterar la estructura del problema.
Desde las Ciencias de la Tierra podemos advertir que la noción de límites planetarios no es una metáfora ni un simple modelo teórico; es un marco conceptual que provee herramientas cuantitativas para evaluar la eficacia de políticas que deberían operar con vista en esos umbrales. La retórica de la sostenibilidad basada en métricas voluntarias, compensaciones dudosas y narrativas de neutralidad, no hace más que retardar la reflexión. La esperanza desmedida en un salto tecnológico o la ilusión de colonizar otros cuerpos celestes cumplen la misma función. La ciencia puede informar sobre el funcionamiento del Sistema Tierra, pero los compromisos de sostenibilidad son decisiones políticas en tanto implican distribución: qué reducir, cómo financiar y cómo administrar el goce de los bienes comunes, entre ellos los recursos naturales.
En este sentido, la academia tiene una responsabilidad en la producción de conocimiento y también en la formación de los profesionales que se desempeñarán en un mundo
complejo y esencialmente cambiante. Resulta fundamental formar a las nuevas generaciones con una visión integral que combine el conocimiento técnico disciplinar con la conciencia ambiental y una alta capacidad de comprensión de la dinámicas sociales, políticas y económicas. Los profesionales del futuro deben ser no solo expertos en la identificación de recursos, sino también en la minimización del impacto asociado a su extracción. Deben también desplegar el conocimiento básico necesario para habitar de manera segura un territorio expuesto a las fuerzas de la naturaleza; y deberán intervenir de manera activa en el debate público sobre la gestión de los recursos naturales y el tipo de desarrollo que queremos emprender.

Celebrar el Día de la Tierra debería ser el acto de reconocer que el bienestar humano y la estabilidad del Sistema Tierra son inseparables, mutuamente dependientes, y que cualquier modelo de desarrollo que ignore esta relación sería, por definición, inviable.

Por Dr. Luis Lara, académico del Doctorado en Ciencias del Sistema Tierra, Facultad de Ciencias Universidad Austral de Chile (UACh) / Instituto Milenio de Investigación en Riesgo Volcánico-Ckelar Volcanes.
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