La denuncia, realizada de manera anónima por temor a exponerse públicamente, busca abrir un espacio de diálogo y reflexión respecto a cómo compatibilizar el importante rol institucional del recinto militar con la calidad de vida de las familias que habitan en los alrededores.
“Una cosa es entender y respetar el rol de la institución, pero otra muy distinta es aceptar que el descanso de adultos mayores, la tranquilidad de los niños, el bienestar de las mascotas y la salud mental de quienes vivimos cerca se vea alterada diariamente”, señala el mensaje enviado a Diario El Ranco.
Según relatan vecinos, el problema no apunta a prohibir los entrenamientos ni cuestionar la función del regimiento, sino a generar medidas de mitigación que permitan disminuir el impacto acústico y emocional que provocan las constantes balaceras en la comunidad.
Entre las propuestas planteadas se encuentran:
* Contar con un calendario público de prácticas y entrenamientos.
* Evaluar horarios que reduzcan el impacto en la vida diaria de los vecinos.
* Implementar barreras acústicas u otras medidas de mitigación sonora.
“Queremos que nuestros hogares sigan siendo espacios de tranquilidad y no lugares donde las detonaciones se transformen en un sonido permanente de fondo”, expresan.
Asimismo, quienes impulsan esta preocupación hacen un llamado a las autoridades y representantes locales a escuchar la inquietud ciudadana y abrir instancias de conversación que permitan encontrar soluciones equilibradas y respetuosas para todas las partes involucradas.
Finalmente, recalcan que la intención no es confrontar, sino avanzar hacia una convivencia más armónica entre las instituciones y la comunidad que hoy convive diariamente con esta situación en la comuna de La Unión.




