La audición cumple un papel fundamental en la adquisición natural y espontánea del lenguaje durante la infancia. Por eso, cuando una pérdida auditiva no se detecta y aborda oportunamente, los niños pueden presentar dificultades en distintas áreas de la comunicación, desde la incorporación de nuevas palabras, la comprensión, expresión del lenguaje y su incorporación con el entorno.
La académica de la Escuela de Fonoaudiología de la Universidad Andrés Bello explica que “la hipoacusia corresponde a una pérdida auditiva y puede presentarse en distintas etapas del desarrollo. Su impacto dependerá, entre otros factores, del momento en que se produce. Cuando la pérdida ocurre antes de que el niño adquiera el lenguaje se habla de una condición prelocutiva, mientras que cuando aparece después de la adquisición del lenguaje se denomina postlocutiva”.
Diagnóstico temprano
Una pérdida auditiva durante los primeros años puede dificultar la adquisición de vocabulario y problemas en la comprensión y expresión del lenguaje, además de dificultades en el habla y en la articulación de palabras y fonemas.
“Siempre una pérdida auditiva va a tener un impacto en el lenguaje. Lo importante es saber de qué manera está afectando, porque no es lo mismo que ocurra en un niño prelocutivo, que pierde la audición antes de adquirir el lenguaje, que en uno postlocutivo, que la pierde después de haber adquirido el lenguaje”, explica la docente.
Impacto en el aprendizaje y las relaciones sociales
Las consecuencias de una pérdida auditiva no se limitan solo al lenguaje. La dificultad para acceder adecuadamente a la información oral también puede convertirse en un obstáculo para el aprendizaje, especialmente durante la adquisición de la lectoescritura, y repercutir en el rendimiento académico.
La fonoaudióloga explica que Las condiciones del entorno escolar pueden acentuar estas dificultades. El ruido generado por los propios estudiantes y por el ambiente puede dificultar la comprensión de las instrucciones y explicaciones de los docentes, aumentando las barreras para quienes presentan una pérdida auditiva.
A nivel social, las dificultades para comprender conversaciones, bromas o juegos pueden generar aislamiento y afectar la autoestima. Esta situación también puede presentarse en adolescentes y adultos, especialmente cuando deben desenvolverse en ambientes con altos niveles de ruido.
“Un niño con una pérdida auditiva que no ha sido manejada probablemente se va a perder en situaciones cotidianas de juego o interacción con otros niños. Eso puede generar dificultades en sus relaciones y también conflictos con sus padres, porque muchas veces no se comprende que existe una dificultad auditiva detrás de determinadas conductas”, plantea Drago.
Detección temprana marca la diferencia
La académica destaca que la pesquisa oportuna constituye uno de los principales factores para reducir las consecuencias de la pérdida auditiva. Mientras antes se identifica el problema, más rápidamente pueden implementarse las estrategias de intervención necesarias.
En niños que nacen con hipoacusia, una evaluación temprana permite reducir el tiempo de privación auditiva y determinar la alternativa más adecuada, que puede incluir el uso de audífonos o un implante, cuando sea necesario. A esto se suma una intervención especializada destinada a favorecer el desarrollo del lenguaje.
“La importancia de actuar oportunamente también se relaciona con los llamados períodos críticos del desarrollo, etapas en las que los niños cuentan con mayores oportunidades para adquirir determinadas habilidades. Una pesquisa tardía puede hacer que estas ventanas de desarrollo se desaprovechen, afectando el avance del lenguaje y reduciendo la efectividad de la intervención”, concluye la experta.




