La llegada de la primavera suele asociarse con una mejoría del estado de ánimo, un aumento de la energía y una mayor disposición a participar en actividades sociales. Sin embargo, los cambios estacionales también pueden influir en la aparición o intensificación de síntomas psicológicos y en la evolución de determinados trastornos mentales. Diversas investigaciones han identificado variaciones estacionales en los cuadros depresivos, los episodios maníacos, las hospitalizaciones psiquiátricas y las conductas suicidas, lo que hace necesario prestar especial atención a la salud mental durante este período.
Desde una perspectiva biopsicosocial, los cambios ambientales propios de la primavera pueden influir en distintos mecanismos de regulación emocional y fisiológica. El aumento de las horas de luz, las variaciones de temperatura y las modificaciones en las rutinas cotidianas pueden alterar los ritmos circadianos, responsables de regular funciones como el sueño, el apetito y el estado de ánimo. En personas que presentan una mayor vulnerabilidad psicológica o antecedentes de trastornos mentales, estas modificaciones pueden contribuir a la aparición de síntomas o a la descompensación de cuadros preexistentes.
Uno de los trastornos en los que se ha observado una relación más consistente con los cambios estacionales es el trastorno bipolar. Durante la primavera y el verano se ha descrito una mayor frecuencia de episodios maníacos e hipomaníacos, caracterizados por un aumento significativo de la energía, disminución de la necesidad de dormir, aceleración del pensamiento, irritabilidad e impulsividad. Asimismo, algunas investigaciones han identificado variaciones estacionales en las hospitalizaciones asociadas a trastornos psicóticos, aunque su comportamiento depende de múltiples factores clínicos y ambientales.
En el caso de los trastornos depresivos, habitualmente asociamos la depresión estacional con los meses de otoño e invierno. Sin embargo, existe una presentación que aparece durante la primavera y el verano, cuya sintomatología puede incluir insomnio, agitación psicomotora, irritabilidad, ansiedad y disminución del apetito. Estas manifestaciones pueden interferir significativamente en el funcionamiento cotidiano y requieren una evaluación clínica que permita establecer un diagnóstico diferencial adecuado.
Otro aspecto relevante es la variación estacional de las conductas suicidas. Estudios epidemiológicos internacionales han identificado un incremento durante determinados meses de primavera y verano. Se trata de un fenómeno multifactorial en el que pueden intervenir variables biológicas, psicológicas y sociales. Estos antecedentes refuerzan la importancia de mantener estrategias de prevención, detección temprana y seguimiento clínico, especialmente en personas con antecedentes de conducta suicida o trastornos mentales graves.
Junto con los factores biológicos, es importante considerar la influencia del contexto social y las expectativas culturales asociadas a esta época del año. La primavera suele vincularse con una mayor actividad social, bienestar y disposición emocional positiva. Para quienes atraviesan un cuadro depresivo, ansioso u otra condición de salud mental, estas expectativas pueden incrementar la percepción de aislamiento, las dificultades de integración social y los sentimientos de frustración frente a la persistencia de sus síntomas.
Desde la práctica clínica, resulta fundamental comprender la interacción entre las condiciones ambientales, los antecedentes individuales y los recursos psicológicos de cada persona. Las alteraciones persistentes del sueño, los cambios significativos en el estado de ánimo, el aumento de la irritabilidad, la agitación y las dificultades para mantener el funcionamiento habitual constituyen señales que requieren atención, particularmente cuando existe una historia previa de trastornos mentales.
La prevención y el tratamiento deben considerar la continuidad de los procesos psicoterapéuticos, la adherencia a los tratamientos farmacológicos cuando corresponda, la regulación de los hábitos de sueño y el fortalecimiento de las redes de apoyo. Asimismo, es importante favorecer el reconocimiento temprano de las manifestaciones clínicas y facilitar el acceso oportuno a atención especializada.
Comprender la influencia de los cambios estacionales en la salud mental permite ampliar nuestra mirada sobre los factores que intervienen en el bienestar psicológico. La llegada de la primavera constituye una oportunidad para promover la prevención, fortalecer los recursos de afrontamiento y reconocer la importancia de una atención clínica sensible a las necesidades particulares de cada persona.
Por María José Millán
Académica carrera de Psicología, U. Andrés Bello, sede Concepción




