En la costa norte de la Región de Los Ríos, en la comuna de Mariquina específicamente en Mehuín, el surf se está convirtiendo en mucho más que una actividad deportiva. Desde esta pequeña localidad, la Escuela NewenLafken, beneficiaria de uno de los fondos ambientales entregados por la marca Patagonia, está desarrollando un programa deportivo, cultural y ambiental, enfocado en niñas, niños y adolescentes, potenciando su vínculo con el mar y buscando, a través de la conexión con la naturaleza, conectar con sus raíces lafkenche y su cosmovisión.
La escuela nació el 2017 y junto a este proyecto están contribuyendo con la educación de 20 estudiantes de básica del Liceo Politécnico Pesquero de Mehuín, quienes participan semanalmente de los talleres como parte de su jornada curricular. Cada viernes al mediodía, las y los estudiantes se trasladan al entorno costero para aprender sobre surf y, al mismo tiempo, relacionarse con el océano desde una perspectiva deportiva, ambiental y cultural.
“En los talleres se generan espacios para conversar, observar, hacerse preguntas e intercambiar conocimientos. Hemos tenido, por ejemplo, instancias para acercarnos a la cultura mapuche y a su relación con el territorio, y también momentos de exploración junto a una bióloga marina, donde los niños pueden conocer las especies que habitan nuestra costa y comprender un poco más el ecosistema que tienen frente a ellos”, destacó Onais Cabrera, monitora del Taller de surf y parte de la Escuela NewenLafken.
Aprender desde la mar
Para NewenLafken, el surf es una herramienta que permite desarrollar habilidades deportivas, pero también generar espacios de autoconocimiento y conexión con la naturaleza. “Cuando desarrollamos actividades deportivas insertas en la naturaleza, las personas tienen la posibilidad de generar autoconocimiento. El surf tiene además un componente muy meditativo, porque obliga a estar presente, observar el entorno y conectarse con el momento”, explica Geovanny Castro, coordinador de NewenLafken.
Esta experiencia se vincula con elementos de la cosmovisión mapuche, particularmente con una forma de relacionarse con el entorno que pone en el centro el respeto, la coexistencia y el equilibrio con la naturaleza. “Para nosotros es importante recuperar nuestras raíces y nuestros orígenes para entender hacia dónde queremos avanzar. La cosmovisión de los pueblos originarios nos recuerda que no somos el centro de la naturaleza, sino parte de ella. El surf permite vivir esa relación de una manera muy concreta”, enfatizó Castro.
De esta manera, cada taller busca ir más allá de enseñar técnicas para deslizarse sobre las olas. El objetivo es que las nuevas generaciones puedan conocer y valorar el ecosistema que habitan, comprendiendo que el mar no es solamente un espacio para practicar un deporte, sino también un territorio que requiere cuidado y protección. “Buscamos compartir una forma de observar, sentir y comprender el lugar donde vivimos, reconociendo que el océano es parte medular de nuestra historia, de nuestra cultura ancestral y que también es una energía sagrada que nos acompaña desde que comienzan, hasta que termina el día”, agregó Cabrera.
“Cuando estás dentro del mar y desarrollas una actividad en la naturaleza, empiezas a tomar conciencia de lo inmenso que es y de la necesidad de cuidarlo. El surf puede ser una herramienta para reconectar con el agua, con la naturaleza y también para generar conciencia ambiental”, explican.
Con miras hacia nuevos desafíos
Para noviembre está proyectando un encuentro en Pucatrihue, comuna de San Juan de la Costa, Región de Los Lagos, donde existe una comunidad surfista vinculada a una caleta de pescadores y buzos. La actividad busca reunir a surfistas de distintas localidades —entre ellas Pichilemu, Temuco, Mehuín y Osorno— para compartir experiencias y conocimientos y fortalecer una comunidad que entiende el surf no solo como deporte, sino como una forma de vincularse con el territorio.
Así, desde la costa de Mehuín, NewenLafken busca que las nuevas generaciones aprendan a mirar el mar de una manera diferente, “aunque los talleres tienen al surf como eje, la experiencia va mucho más allá de la práctica deportiva. Se trata de generar un vínculo con el océano y con el territorio desde distintas perspectivas, desde el movimiento, la cultura, la ciencia, el arte y la memoria. Lo que buscamos es que los niños no solamente se lleven la experiencia de haber aprendido surf, sino también una mayor curiosidad por el lugar que habitan y una relación más cercana y respetuosa con el mar”, finalizó Onaís Cabrera.




