Chile ya no tiene el clima que creíamos

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Los datos de la Dirección Meteorológica de Chile (DMC) para el período normal 1991-2020, comparados con los registros de 2025, dejan una imagen difícil de discutir: el clima del país se está moviendo, y no en una sola dirección uniforme, sino en un mosaico de extremos regionales que exige atención inmediata.

La tendencia de fondo: menos lluvia, más calor

A nivel nacional, la serie histórica de precipitación anual muestra una caída sostenida de casi 30 mm por década desde 1960. En paralelo, la temperatura media ha subido 0,16°C por década en el mismo período. Son cifras moderadas si se miran año a año, pero la tendencia lineal de más de seis décadas no deja dudas: Chile es hoy un país más cálido y más seco que el de mediados del siglo pasado.

2025, un año de contrastes regionales

Al comparar la temperatura media de 2025 con la normal climatológica de cada región, el país se divide casi en dos. En el norte y la zona central, el calor de 2025 superó con holgura el promedio histórico: Metropolitana (+23,5%), Atacama (+20,1%) y Arica y Parinacota (+11,0%) encabezan la lista. El caso de Magallanes, con una variación de +98,5%, es el más llamativo de la tabla, aunque debe leerse con cautela: su temperatura normal es tan baja (6,9°C) que cualquier variación absoluta se traduce en un porcentaje desproporcionado.

En el extremo opuesto, Aysén (-26,6%) y Coquimbo (-13,4%) tuvieron un 2025 más frío que su promedio histórico, un recordatorio de que el cambio climático no se expresa como un calentamiento parejo, sino como una mayor variabilidad: extremos más marcados en ambas direcciones, según la zona y el año.

«El inicio y el fin de 2025 estuvieron marcados por un episodio de La Niña y su consiguiente efecto de enfriamiento. Y, aun así, fue uno de los años más cálidos de los que se tiene constancia a escala mundial a raíz de la acumulación de gases de efecto invernadero que retienen el calor en la atmósfera. Las altas temperaturas observadas tanto en tierra como en el océano exacerbaron los fenómenos meteorológicos extremos, como las olas de calor, las lluvias torrenciales y los ciclones tropicales de gran intensidad, lo que subraya la imperiosa necesidad de contar con sistemas de alerta temprana», dice la OMM, 2026.

Temperatura media anual por región: normal 1991-2020 vs. 2025

Región

Tmed normal (°C)

Tmed 2025 (°C)

% Var.

Arica y Parinacota

20,0

22,2

+11,0

Tarapacá

19,5

19,1

-1,8

Antofagasta

18,7

19,6

+4,8

Atacama

16,9

20,3

+20,1

Coquimbo

15,7

13,6

-13,4

Valparaíso

15,7

15,3

-2,2

Metropolitana

16,0

19,7

+23,5

O’Higgins

16,0

15,0

-6,0

Maule

15,3

16,0

+4,6

Ñuble

14,6

14,8

+1,7

Biobío

13,3

13,5

+1,9

La Araucanía

12,2

11,8

-3,3

Los Ríos

12,1

11,7

-3,3

Los Lagos

11,3

10,6

-5,8

Aysén

8,9

6,5

-26,6

Magallanes

6,9

13,6

+98,5

El problema detrás del problema

Vale la pena decirlo con todas sus letras: no existe hoy un consolidado público, único y confiable de estos datos por región. Armar esta comparación exigió cruzar manualmente normales climatológicas con registros del año en curso, sin que exista un tablero oficial que lo entregue ya calculado. Esa brecha de información no es un detalle técnico, es en sí misma parte de la historia: un país que discute cada vez más sobre sequía, incendios y olas de calor debería tener sus propios datos climáticos ordenados, actualizados y accesibles para cualquiera, no reconstruidos a mano cada vez que hace falta una columna de opinión.

La evidencia ya está sobre la mesa: menos agua cayendo del cielo y más calor acumulándose año tras año, con una variabilidad regional que castiga distinto a cada zona del país. Lo que falta no es evidencia. Es la voluntad de mirarla de frente, consolidarla bien y actuar en consecuencia.

Ahora, ¿qué implicancias tiene esto para la agricultura y para el chileno?

La agricultura es el principal sector consumidor de agua en Chile, representando aproximadamente entre el 72% y el 82% del uso consuntivo total de los recursos hídricos a nivel nacional (ODEPA, 2026), muy lejano al concepto del ciudadano chileno que cree que la minería o la industria en general, es la principal consumidora de agua y causante del déficit hídrico chileno. Si las temperaturas aumentan, la demanda evaporativa ambiental aumenta, o sea, sube la evapotranspiración de los vegetales y necesitan absorber más agua y al haber menos precipitaciones hay menos agua almacenada en el suelo y se necesita regar más, pero no hay más agua, para eso habría que tener más nieve acumulada, ya que en gran parte de Chile, especialmente en la zona central y norte, el agua proviene principalmente de los deshielos (nieve y glaciares cordilleranos). Estos actúan como reservas fundamentales, liberando agua durante los meses más cálidos o en periodos de sequía para alimentar cuencas vitales como el río Maipo o el Aconcagua (PUCV, 2020).

La propuesta de Grassland: eficiencia también desde el suelo

Desde Grassland impulsamos sistemas productivos que avancen hacia un uso más eficiente del agua. Esto surge de lo que hemos observado en terreno, recorriendo predios del sector frutícola —por ejemplo en la Región Metropolitana y en O’Higgins—, donde ya existe tecnología de riego de alta eficiencia que en algunos casos ha permitido ahorrar hasta un 50% del agua utilizada. Pero ahí surge una gran interrogante: si esa eficiencia tecnológica es real a nivel predial, ¿por qué la disponibilidad de agua en la cuenca sigue disminuyendo en esas mismas zonas? La respuesta no puede depender solo de la tecnología. En paralelo hay que trabajar el suelo: activar su microbiología, recuperar su biodiversidad, para que sea el propio suelo el que gane capacidad de retener y ceder agua de forma más eficiente. Esa combinación —tecnología de riego junto a suelos biológicamente activos— es, a mi juicio, el camino hacia una mayor resiliencia hídrica del sistema productivo.

Entonces, ¿Podemos seguir impávidos ante esta situación? ¿La seguridad alimentaria? ¿Sabemos qué es seguridad alimentaria? Y ¿Por qué ahora consumimos agua de bidón y no de la llave?? ¡Eso lo dejo para otra columna, los leo!

Por Patricia Aguilera Feliú — Ingeniera Agrónoma, Magíster en Manejo de Agua y Suelos, asesora e investigadora de Grassland Analysis

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Fuentes

Dirección Meteorológica de Chile (DMC). Valores normales climatológicos 1991-2020, período recomendado por la Organización Meteorológica Mundial (OMM), y registros de temperatura media 2025.

Organización Meteorológica Mundial (OMM). Declaración de Celeste Saulo, Secretaria General de la OMM, con motivo de la confirmación de 2025 como uno de los años más cálidos registrados a nivel mundial, 14 de enero de 2026.

Dirección General de Aguas (DGA, 2017) y Oficina de Estudios y Políticas Agrarias (ODEPA). Estimaciones de participación del sector agrícola en el uso consuntivo de agua a nivel nacional (72%-82% según fuente y año de referencia).

Instituto de Geografía, Pontificia Universidad Católica de Valparaíso (PUCV) y Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR2). Investigación sobre el aporte de nieve y glaciares cordilleranos a la alimentación de las cuencas del río Aconcagua y del río Maipo.

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