Estudio revela factores que deterioran la salud mental de cuidadoras de personas con demencia

El estudio, liderado por la investigadora Claudia Miranda, directora del Instituto Milenio para la Investigación del Cuidado (MICARE) e investigadora del Instituto de Investigación de Cuidados en Salud (IICS) de la Universidad Andrés Bello, evidenció que las necesidades no cubiertas de las personas con demencia incrementan los síntomas de depresión y ansiedad en sus cuidadores familiares.

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El cuidado de una persona que vive con demencia no solo implica responder a las necesidades que genera el avance de la enfermedad, sino también enfrentar un impacto progresivo sobre la salud mental de quienes asumen ese rol. La investigación financiada por ANID-FONDECYT REGULAR 1191726 determinó que los síntomas de depresión y ansiedad en los cuidadores familiares aumentan con el tiempo, especialmente cuando las necesidades de la persona con demencia no reciben una respuesta adecuada.

El estudio liderado por la investigadora Claudia Miranda, directora del Instituto Milenio para la Investigación del Cuidado (MICARE) e investigadora del Instituto de Investigación del Cuidado en Salud de la Universidad Andrés Bello, constituye uno de los pocos estudios longitudinales realizados en América Latina sobre la salud mental de cuidadores familiares de personas que viven con demencia. Además, es el primero en la región que analiza cómo las necesidades no cubiertas de estos pacientes influyen en el bienestar emocional de quienes los cuidan.

Proceso y resultados

La investigación realizó un seguimiento durante dos años a 300 cuidadores familiares mediante encuestas telefónicas. En la segunda medición participaron 208 personas y, en la tercera, 155.

“Los resultados muestran que la edad promedio de los cuidadores fue de 59,3 años y que el 78,9% correspondía a mujeres. Más de la mitad eran hijas o hijos de la persona con demencia, mientras que un 34,8% eran sus cónyuges o parejas, confirmando que el cuidado continúa recayendo principalmente en el entorno familiar más cercano”, detalla la investigadora.

Depresión y ansiedad

Mediante modelos longitudinales de crecimiento latente, el equipo analizó la evolución de los síntomas de depresión y ansiedad, así como los factores asociados a dichos cambios.

El análisis evidenció que tanto los síntomas depresivos como los ansiosos aumentaron significativamente a lo largo del tiempo. “El estudio identificó que, mientras mayores eran las necesidades no satisfechas de la persona con demencia, mayor era el incremento de los síntomas depresivos en quienes cuidaban. En paralelo, las mujeres presentaron un aumento más marcado de los síntomas de ansiedad que los hombres, situación que también se acentuó cuando la persona con demencia experimentaba un mayor deterioro de su capacidad de comunicación”, detalla Miranda.

La investigadora explica que estos hallazgos ponen de manifiesto la necesidad de cambiar el enfoque con el que actualmente se aborda la atención de las personas con demencia. «Los resultados muestran que no basta con atender únicamente a la persona que vive con demencia. Cuando sus necesidades permanecen sin resolver, el impacto se extiende directamente a quienes la cuidan, aumentando progresivamente los síntomas de depresión y ansiedad. El bienestar del cuidador y de la persona con demencia están profundamente interrelacionados», indica.

Las mujeres como principales cuidadoras

Las mujeres, que representan cerca del 80% de los cuidadores familiares en el estudio, constituyen un grupo especialmente vulnerable. Por ello es fundamental implementar un monitoreo continuo de su bienestar y desarrollar intervenciones oportunas que permitan prevenir el deterioro de la salud mental antes de que se transforme en un problema de mayor complejidad.

Miranda enfatizó que la evidencia respalda la necesidad de avanzar hacia un modelo de atención centrado en la díada cuidador-persona con demencia.

«Ofrecer una atención integral significa comprender que las necesidades de la persona con demencia y la salud mental de quien la cuida son inseparables. Si no abordamos ambas dimensiones de manera conjunta, existe un riesgo importante de que la calidad de vida de ambos continúe deteriorándose con el paso del tiempo».

Los resultados de esta investigación aportan nueva evidencia para el diseño de políticas públicas orientadas al cuidado de las personas con demencia y sus familias, destacando la necesidad de fortalecer las redes de apoyo, el acompañamiento psicológico y las estrategias de atención integral frente a una condición cuya prevalencia continuará aumentando debido al envejecimiento de la población.

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